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LA INICIACIÓN – Parte 1

 LA INICIACIÓN               1.- Propuesta Indecente…   Esa mañana que encontré a Harris en la academia, nunca la voy a olvidar… me propuso así de plano, directo al bull, “ ¿te atreverías a grabar un vídeo mientras estás cachando?”..yo titubeé unos minutos, jamás esperaba que alguien, alguna remota vez, me propusiera tal locura. Sin embargo, él sabía que me gustaba la aventura, el peligro, la fantasía, lo bizarro; pero al mismo tiempo sabía también que era muy cobarde y hasta cierto punto moralista, para esas cosas. Muchas veces ya me había pedido que le entregara mi coñito, no sé cuantas, y creo que ya se estaba cansando de hacerlo, yo lo presentía de esa manera y me moría de ganas por sentir una pinga atravesándome toda mi cavidad, pero me impedía el temor típico de todas las chiquillas primerizas de dejarse romper el coño y creer que se perdía todo, hasta la propia vida y que se acababa el mundo si no seguías cachando con aquella pinga por el resto de los días. Así que de cientos de insistencias de su parte y de cientos de rechazos por parte mía, esa iba a sumar una más para su colección, pero me apenaba la forma desesperada y temblorosa con que me pedía que le entregara ese tesorito que hace que las mujeres tengamos un valor inconmensurable, hasta que llega el día en que nos cachan y nos rompen bien rotas el coño y perdemos para siempre ese valor innato y natural de ser una virgen pura e inocente . Yo sentía el deseo, tenía las ganas, quería cachar, quería verga, quería una buena pinga, ¡Pero ya!… Sentía que ya era hora de romper esa delgada membrana reprimidora, de atravesar ese límite entre la cordura y el desenfreno, de recorrer por cada milímetro de mi piel un cúmulo de sensaciones y emociones aún desconocidas por mi a pesar de mis 17 añitos, pero me consumían las ganas de sentir el sabor de la leche llamada semen, de chupar y exprimir hasta el hartazgo una rica pinga, de sentirla en mi boca cómo se iba poniendo tiesa, dura como un nabo, caliente como fierro al rojo vivo, sólida como una roca; y luego… sentir cómo esa verga es capaz de romper y abrir todo a su paso mientras me penetra, mientras sale y entra frenéticamente golpeando cada uno de mis pliegues internos del conducto tubular de mi vagina abriéndose y cerrándose y los golpes que proporciona esa cabezota llamada “glande” en el fondo, en las paredes del útero…al tiempo que esas ricas bolas golpean y frotan mi clítoris en cada vaivén desenfrenado.

2 .- Desde el Cole …      Mis compañeras de aula se juntaban a conversar en las horas que estábamos libres en el colegio, era un grupito de amiguillas muy cerrado y discreto en el que me habían considerado como una más, pienso porque era un tanto aplicada y centrada en mis obligaciones escolares. De alguna forma me necesitaban y por eso estaba ahí… audicionando conversaciones secretas, o mejor, aprendiendo de lo que contaban que hacían. Mientras tanto sus padres las consideraban sus princesas puras, castas e inocentes. Pero eso a mi no me importaba, no tenía la edad para juzgarlas, ni tampoco los argumentos necesarios para emplazarlas… por el contrario, me encantaba aprender de sus experiencias, que comentaban con un detalle descarado, demasiado explícito, tan explícito que me daba cierta vergüenza oírlo, pero tenía que disimularlo hasta el punto de considerarlo muy normal y hasta cierto modo con una actitud pícara, aprobarlo como de “chicas muy modernas y correctas”, sino me sacarían del grupo y me tomarían como una “santulona”. Las más atrevidas eran Shirley y Lesly. Shirley nos contaba cómo fue su primera vez, cuando un “tío” de 26 le había roto el pito a los 14 añitos … cómo se abalanzó sobre esa verga, cómo la chupó hasta ponerla dura como fierro, cómo se tragó los huevos de ese primer amante que la invitó a la discoteca “Luna ” en su impresionante y lujoso auto… con él había conocido por primera vez un hotel, y había sentido en cada postura que la colocaba, los diferentes niveles de profundidad y excitación que lograba mientras la atravesaba con su cipote de 22 centímetros. Expresaba su gran pesar de no haber vuelto a sentir una buena verga como esa, porque las demás que se había “comido” no pasaban de los 15 centímetros… Con ese tío, ella había cachado cientos de veces y en muchos lugares, inclusive en ríos, en piscinas y en varias discotecas, él la complacía comprándole ropa de moda y cosméticos de muy buena marca que se ufanaba mostrándolos en su mochila… Lesly no se quedaba atrás y también narraba cada intimidad con sus enamorados, desde el primero que había tenido a los 13, a ella le encantaba que le coman el coño, decía que era una experiencia fenomenal… el enamorado con el que salía actualmente tenía un trabuco de 23 centímetros, quizá porque era negro; y dicen que todos los negros tienen la buena estrella de nacer con enormes y ricas pingazas… Sheyla, Bettina, Nora y Lady , no se quedaban atrás, daban clases de cómo chupar y comerse una pinga, de cómo ponerla tan dura como fierro, de sentir ese ardor al rojo vivo en el contorno de los labios, los golpes de esa cabezota dentro del paladar, la asfixia morbosa al atorarse con la verga por la tráquea, el delicioso sabor de esa leche caliente de hombre y el tragarse el chorro de semen disparado impetuosamente por ese ídolo de carne al vacearse, al venirse en sus bocas.

En muchas ocasiones nos reunimos en la casa de Bettina para ver películas porno y aprender los placeres de la vida, de esa manera fuimos adiestrándonos en el mundo del amor, y aprendiendo eso que no te enseñan ni en el colegio, ni en casa, porque sencillamente eso es obligación de buscarlo y aprenderlo cada una… No me arrepiento de haber tenido esas amiguitas, al contrario, les agradezco, porque respetaron mi decisión de no iniciarme como cachera en la secundaria, al mismo tiempo que aprendí todo, absolutamente todo de ellas… Y ahora, estoy lista para comerme una buena pinga, para decirle a Harris : “sí, sí quiero tu pinga, quiero tu vergaaaa…”

3 .- Sabia Decisión …     Así que muy decidida, tomo mi teléfono móvil y le marco, para acordar en dónde nos vamos a encontrar; mejor dicho,dónde será mi matadero; dónde me romperá todo hasta el cansancio, dónde mi coñito gozará y empezará una nueva etapa en mi vida, porque a partir de ese día no iba a parar de cachar, de disfrutar los grandes y maravillosos placeres de la carne, de ese trozo de carne que mis amigas me enseñaron a adorar y llamar cariñosamente como “PINGA” . Harris no se esperaba eso… no esperaba que yo le timbrara, para acordar nuestro encuentro, al responderme y escuchar que estaba de acuerdo para encontrarnos esa tarde, sencillamente no lo creía… pero no dudó en decirme que me esperaría en la casa de su tía, donde estaba habitando, porque la tenía cuidando, todos estaban de viaje, y eso era lo ideal… Llegaron las 5 de la tarde y yo estaba hace media hora mirando el reloj en la sala de mi casa, contando los minutos que parecían interminables… hasta que marcó las 5… Desde las 3 de la tarde ya estaba preparándome, en el baño, en la ducha, frente al espejo; puliendo cada detalle de mi cuerpo, de mi piel, de mi rostro; escogiendo qué lencería debía usar, el blanco me pareció perfecto para esa ocasión… Mi madre me observaba desde el comedor veía que me arreglaba como si fuera a ir a una fiesta, se suponía que iba a la academia, eso le había dicho… y seguramente lo había creído así, porque se notaba tranquila. Lo que ella ignoraba es que ese día su adorada nena había decidido dar el paso definitivo para convertirse en mujer; había tomado seriamente la resolución de pasar de adorar a las muñecas y los peluches y empezar a idolatrar y desear fervientemente a ese ícono que todas las chicas adoran y anhelan tener siempre en medio de las piernas, bien metido en el coño, hasta el fondo, hasta lo inimaginable, hasta causar el orgasmo, el nirvana…UNA BUENA Y RICA PINGA.

Terminé de alistarme, me despedí de mi madre, tomé mi cartera y salí hacia la calle a tomar un taxi. El aire de fuera de la casa, de repente me estremeció y me puso la piel de gallina, por un momento sentí que no debía hacerlo, que no debía traicionar la confianza que recibía de mis padres, sentí algo de miedo, me detuve… respiré muy profundo y me dije para sí : “ahora quiero comerme una buena pinga, una buena verga, y ahora es ahora, es hoy y punto … “ alcé mi mano con algo de frío y paré un taxi… subí y le dije al chofer : “llévame al parque san juan “, señalando la avenida que debía tomar… me tomé las manos, las miré fijamente y me dije nuevamente, como dándome fuerza : “ahora manitas suaves, van a aprender ha hacer bien su trabajo, en unos minutos van a coger una buena verga, van a estar recorriendo la piel de un hombre de verdad centímetro a centímetro, van a estar haciendo la paja a una pinga por primera vez, hasta dejarla dura, muy dura como un mazo, lista para penetrarme y abrirme a un inmenso torbellino de pasiones… manitas bellas, hoy es el día en que se cuelgan de una buena picha…”

Llegamos al lugar acordado, el taxi paró al otro lado de la calle, bajé y sin titubear me dirigí al portón enrejado de la casa, de aquella casa que sería la testigo de mi entrega; de la entrega de mi coñito para ser abierto y roto; de la entrega de mi boca y labios, para ser violentados por aquel todavía desconocido trabuco; de la entrega de mi culo y toda mi piel, para ser ensuciada con la leche pegajosa y viscosa del semen de mi cachero… todo mi cuerpo será violentado e invadido en unos instantes más… Toqué la puerta, los minutos eran infinitos, mi respiración se volvía entrecortada, los zapatos parecía que los tenía pegados al suelo, me sentí morir de miedo… giré como para regresar a casa, para irme de ese antro; ya había dado el primer paso con un poco de dificultad, me disponía a correr, a gritar pidiendo ayuda; pero de repente una mano tosca y áspera me tomó del brazo fuertemente, jalándome y haciendo que gire en media luna… abrí bien mis ojotes, miré y era él, Harris, que me dijo con una voz que me hizo olvidar de todos esos temores infantiles, con una voz dulce : “ hola… pasa… te estaba esperando, ya todo está listo…”

  4 .- En el trocadero …      Pasamos… él me llevaba tomándome firmemente por la muñeca, como asegurándose que no retroceda, por si me desanimara… se escuchó un portazo, y quedé atrapada en ese antro, en el lugar donde me romperían el coñito y del cual no saldría igual como ingresé, sino bien rota, cachadaza y violentada por todas las partes de mi inocente cuerpo, oliendo la piel a semen, a esperma… Sin embargo, ya no sentía ningún temor, todavía me estremecía de nervios, pero no temía nada; extrañamente me deleitaba el hecho de desnudarme, de mostrarme totalmente calatita, peladita, desinhibida y atrevida frente al tipo que iba a gozar de mi panochita. Me fascinaba la idea de poner mis manos en actividad y coger ese trabuco, esa verga, esa pinga escondida bajo los pantalones; de sacar esa culebra de su nido para masturbarla con movimientos cadenciosos, chuparla y chuparla hasta ponerla dura, bien dura como el acero; y bien caliente como fierro al rojo vivo. Deseaba con unas ganas incontrolables que me penetrara, que rompiera con todo cada uno de mis pliegues,cada uno de los labios húmedos y carnosos de mi coñito, que succionara con fuerza, duro, mamando mis pequeñas tetas, esas tetas que parecían de quinceañera; que me recorriera con la boca, la lengua, los labios y la pinga, todos los rincones de mi adolescente cuerpo, que me lamiera el cuello, la espalda, las piernas y luego volviera a succionar mis pezones, pero intensamente, con semejante rudeza hasta conseguir sacarme leche o lo que encuentre en ellos. En resumen, quería que me revienten, que me empoderaran como mujer, que me cachen, y bien cachadaza …       Subimos al segundo piso de la casa y suavemente fue soltando mi muñeca, para adelantarse unos pasos ingresando a una habitación cuyas paredes mostraban los ladrillos. Había un cierto desorden, una cámara Handycam instalada en un improvisado trípode, sería la testigo de ese desenfrenado encuentro; muchos cables por el piso, micrófonos ubicados estratégicamente conectados a una consola y ésta a su vez conectada a un grabador de cintas VHS, grabarían en audio, cada gemido, cada jadeo, cada grito que salga de mi garganta, cada chupachups que se produce al mamarse una pinga, al atragantarse, al besar, al besarse, y hasta el golo golo que hace la tráquea cuando una pinga pretende ingresarla… Sobre una rústica mesa, un antiguo televisor de 20 pulgadas, donde podíamos ver la imagen que captaba la cámara, para no perdernos ningún posible detalle mientras estemos cachando… y una cama llena de polvo, del polvo de la tierra, no de ese polvo que nos íbamos a dar, no de ese polvo que iba a recibir… pero igualmente le íbamos a dar más polvo a ese colchón, ja, ja, ja, claro que si…

Ingresé muy excitada, las ganas de que todo empezara ya me corroían el cerebro, quería tener en mis manos esa verga, llevarla a mi boca, saborearla, chuparla hasta ponerla bien tiesa, bien dura para que me penetre sin compasión, sin límites; sentía un palpitar extraño en los labios de mi bulba, en las paredes de mi coñito,desde la entrada hasta el fondo; un palpitar vertiginoso… Estaba vestida con un ligero polo, minifalda y un pequeño bolso que a partir de aquel día se convertiría en mi acompañante cómplice de mis aventuras más sórdidas y secretas … No sé en qué momento dejamos de hablar y bastaba con mirarnos y mover los ojos para saber lo que quería el uno del otro y lo que queríamos hacer. Él me miró dulcemente y yo entendí con sorprendente exactitud que me pedía le hiciera un striptease, aunque sin música, pero eso como que no era relevante. Ni corta, ni perezosa … empecé, y con ello empezó la acción…

    5 .- Luces… cámara… acción…    El striptease, empezó a calentar aún más el ambiente, yo sentía derretirme ante la mirada libidinosa del tipejo, pero eso me encantaba, me fascinaba, porque me iba dando la confianza suficiente para abalanzarme sobre su trabuco y empezar a masturbarlo y chuparlo…chuparlo hasta ponerlo bien, bien tieso…como un rabo erecto. Me fui quitando toscamente, primero el polo y luego la minifalda, dejando mostrarse la lencería blanca que tenía reservada para una ocasión como esa… Ese fue mi primer striptease, burdo y precipitado, sin ninguna delicadeza, sin una pisca de sensualidad, nada sexy , sin ningún erotismo…

CONTINUARÁ   …  PROXIMA SEGUNDA PARTE

 


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